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lunes, 22 de noviembre de 2010

La Vida Cotidiana En Atenas

Ha­cía la segunda mitad del siglo V empezó a transformarse la ciu­dad de Atenas, que hasta entonces había tenido el aspecto de una gran aldea, con calles tortuosas y estrechas, casas bajas y de fachadas irregulares. Un arquitecto venido de Joniá, Hipodamos, inició en el barrio del Pireo la construcción de anchas avenidas que se cortaban en ángulos rectos.

Las Casas En Atenas

Las casas eran, general­mente, de dos pisos y de paredes delgadas; la muralla que daba a la calle tenía una sola abertura, la puerta, recibiendo las pie­zas, la luz y el aire de un patio interior rodeado de columnas (peristilo).

La habitación, por ser el país de clima seco y de tempera­tura suave, era sencilla y pequeña.

El departamento de las mujeres o gineceó ocupaba el segundo piso y el de los hombres el primero.

En esta época aún no se preocupaban los atenienses del lujo. Para ellos era más importante protegerse del calor, y para esto se proporcionaba a las habitaciones la sombra necesaria por medio de árboles. 

El Mobiliario Ateniense


El mobiliario era muy sencillo: sillas bajas y sin respaldo, camas con varias frazadas; ánforas, hidras y cráteras para guar­dar, respectivamente, el vino, el agua y la mezcla de ambos líquidos; lámparas de terracotta o de metal, etc. 

Las comodidades del hogar eran para ellos algo secundario. Su vida transcurría el mayor tiempo al aire libre, sea discutiendo en la colina de Pnix, donde se celebraban las asambleas populares; comerciando en el agora o mercado, cultivando la tierra o navegando a través del Egeo. 

El Vestuario Ateniense

El vestuario era igualmente simple. Consistía en una túnica (chiten), recubierta por un manto (himácion). Para viajar y para ir a la guerra se cubrían con la clámide, manto corto y do­tante que sujetaban al cuello por medio de un gancho. El sombrero, de anchas alas, no se usaba sino para viajar. El calzado se reducía a las sandalias, aunque muchos acostumbraban an­dar descalzos.

La Alimentación Ateniense 

La alimentación era, ordinariamente, muy frugal, como en Esparta: pan, aceitunas, higos, queso, miel y pescado frito. 

Se comía tendido descalzo, conversando o escuchando música y recitación. Se despreciaba a los macedonios porque bebían demasiado y se embriagaban con frecuencia. Entre los atenienses más ricos solía haber grandes gastrónomos. 

Bajo la mesa de sus banquetes eran amarrados varios perros que consumían los desperdicios que arrojaban sus amos. Los comensales comían con las manos y se limpiaban los dedos con migas de pan.

Información De Las Mujeres En Esta Época


La principal fuente de información de las mujeres en esta época es homérica: la Ilíada y sobre todo la Odisea describen numerosas escenas de la vida cotidiana, donde las mujeres tienen un papel importante.

Los deberes de la mujer giran alrededor de la casa. La señora de la casa es la que se ocupaba de la familia y del hogar. En las casas de los personajes importantes había muchas esclavas. Todos los alimentos eran preparados en la casa por esclavas y servidos por ellas.

Las ropas se hacían en la casa, y en esta tarea estaban implicadas las mujeres de la realeza, e incluso las inmortales, así como las esclavas.

Las mujeres solían sentarse junto al fuego a hilar y tejer, en el centro de la habitación principal de la casa. No vivían retiradas en sus habitaciones, al fondo, como en la época clásica.

Las tablillas procedentes de Pilos, escritas en lineal B, mencionan como tareas de las mujeres el buscar agua y preparar los baños, hilar, tejer, moler grano y recogerlo.

Las mujeres de la realeza tienen un triple papel, como esposas, reinas y amas de casa.

La mujer se instala en la casa de su esposo. La unión es monógama, tanto en el mundo de los héroes griegos como los troyanos. Sin embargo, las prácticas matrimoniales permanecen aún poco formalizadas.

La Épica Pinta Atractiva De La Vida 
De Las Mujeres.

Andrómaca y Helena paseaban libremente por las calles de Troya, aunque siempre con escolta, y las mujeres aparecían en el escudo de Aquiles ayudando a la defensa de las murallas de la ciudad. 

Podían permanecer en las habitaciones públicas en presencia de invitados varones sin escándalo. No sólo las concubinas sino también las esposas legítimas podían ser consideradas deseables, y aquí aún no se aprecia la misoginia de la literatura griega posterior.

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